jueves, 3 de noviembre de 2016

¿ Has ajustado ya tu reloj biológico ?
Imagen extraída de Google Imágenes


Se llama ritmo biológico, también conocido como ritmo circadiano, a la oscilación biológica que diferentes seres vivos experimentan dentro de unos intervalos regulares. Normalmente, en la mayoría de las especies (también en la raza humana) estas variaciones fisiológicas suelen venir condicionadas con las horas de luz y las horas de oscuridad, pero existen otras otros factores que pueden afectar estos ciclos, como por ejemplo, la temperatura.

  
El ritmo circadiano permite al organismo establecer unas rutinas que favorecen el buen funcionamiento, por ejemplo, la segregación de determinadas hormonas, la inercia del sueño, etc. es por esta razón que cualquier alteración que modifique o altere este ritmo puede tener repercusiones negativas en nuestra calidad de vida. Las más usuales suelen ser: insomnio, agotamiento (pierda de tonicidad) y desorientación. A largo tiempo también puede dar lugar a problemas cardiovasculares, neurológicos y disminución del sistema inmunológico, etc.

¿Qué podemos hacer para evitar esta pérdida de ritmo?
Como hemos dicho anteriormente, el máximo factor influenciable para regular este ciclo es la luz. Por ello, hemos de respetar al máximo las horas de luz y las horas de oscuridad, evitando en todo lo posible los cambios de horario (turnos diferentes de horario de trabajo, viajar a diferentes regiones con diferente uso horario, etc). Cuando llegue el cambio de hora para ajustarlo al horario de invierno/o de verano, se debería ir adaptando el horario poco a poco unos días antes de forma que los cambios sean mínimos (adelantar la hora de levantarse/acostarse unos minutos al día de forma que al final se ajuste perfectamente al cambio de hora). Y por supuesto, seguir una dieta equilibrada, evitando estimulantes.

y si lo he perdido, ¿Cómo puedo reajustarlo?
primero hemos de conocer cuales son las causas que producen nuestro cambio de ritmo, y actuar para evitar o corregirlos en medida de lo posible.

Una vez reinstauradas las rutinas, podemos recurrir a remedios naturales o farmacológicos para tratarlos, por ejemplo, tonificantes para evitar el agotamiento, fitoterapia para mejorar la somnolencia, etc.