¿ Has ajustado ya tu
reloj biológico ?
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| Imagen extraída de Google Imágenes |
Se llama ritmo
biológico, también conocido como ritmo circadiano, a la oscilación biológica
que diferentes seres vivos experimentan dentro de unos intervalos
regulares. Normalmente, en la mayoría de las especies (también en la raza
humana) estas variaciones fisiológicas suelen venir condicionadas con las horas
de luz y las horas de oscuridad, pero existen otras otros factores que pueden
afectar estos ciclos, como por ejemplo, la temperatura.
El ritmo circadiano
permite al organismo establecer unas rutinas que favorecen el buen
funcionamiento, por ejemplo, la segregación de determinadas hormonas, la
inercia del sueño, etc. es por esta razón que cualquier alteración que
modifique o altere este ritmo puede tener repercusiones negativas en nuestra
calidad de vida. Las más usuales suelen ser: insomnio, agotamiento (pierda de
tonicidad) y desorientación. A largo tiempo también puede dar lugar a problemas
cardiovasculares, neurológicos y disminución del sistema inmunológico, etc.
¿Qué podemos hacer
para evitar esta pérdida de ritmo?
Como hemos dicho
anteriormente, el máximo factor influenciable para regular este ciclo es la
luz. Por ello, hemos de respetar al máximo las horas de luz y las horas de oscuridad,
evitando en todo lo posible los cambios de horario (turnos diferentes de
horario de trabajo, viajar a diferentes regiones con diferente uso horario,
etc). Cuando llegue el cambio de hora para ajustarlo al horario de invierno/o
de verano, se debería ir adaptando el horario poco a poco unos días antes de
forma que los cambios sean mínimos (adelantar la hora de levantarse/acostarse
unos minutos al día de forma que al final se ajuste perfectamente al cambio de
hora). Y por supuesto, seguir una dieta equilibrada, evitando estimulantes.
y si lo he perdido,
¿Cómo puedo reajustarlo?
primero hemos de
conocer cuales son las causas que producen nuestro cambio de ritmo, y actuar
para evitar o corregirlos en medida de lo posible.
Una vez reinstauradas
las rutinas, podemos recurrir a remedios naturales o farmacológicos para
tratarlos, por ejemplo, tonificantes para evitar el agotamiento, fitoterapia
para mejorar la somnolencia, etc.

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